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Editorial
Noviembre 97

Reflexiones sobre la muerte

Este mes de noviembre está ligado tradicionalmente a la muerte, debemos honrar a nuestros muertos. A todos aquellos amigos y camaradas que, alo largo de nuestros años juveniles fuimos viendo desaparecer, llevados por una muerte temprana. Aunque en número afortunadamente muy corto, si se compara con los millones de muchachos que la Organización Juvenil Española ha movilizado a lo largo de décadas, cualquiera de nosotros, seguramente sin excepción, puede –y debe- hacer desfilar ante su memoria los rostros jóvenes de aquellos camaradas que se nos fueron quedando en las crestas de las montañas, en crueles accidentes o devorados por el mar. Sus rostros quedarán para siempre en nuestra memoria colectiva. Evocándolos, su recuerdo los mantiene entre nosotros, con la virtud de añadir profundidad histórica y, por ello, también mayor seriedad, sentido y responsabilidad al ancho espacio humano que quiere ocupar la Hermandad Doncel.

Hay silencios que son deshonestos a fuer de oportunistas. No vamos pues, a dejar de recordar en estas líneas, con desprecio de cualquier consideración prudente, la muerte de José Antonio Primo de Rivera, conmemorada en estas fechas. Y lo hacemos con la intención primordial de reparar el agravio que se ha infligido a su persona a causa de la histérica y algo pagana divinización de su figura, a lo largo de muchos años y a la que muchos de nosotros hemos contribuido, todo hay que decirlo. Creemos que, hoy, el verdadero homenaje tiene que consistir en incorporar a nuestras conductas la esencia humana de su ejemplaridad, demostrada en tantas cosas, de su coherencia y de la decencia de su muerte. El hombre que fue, con sus conflictos humanos valientemente vividos, es lo que nos sirve porque es lo que realmente nos enseña a los demás hombres a vivir. La grandeza del hombre, no el dios. Y ni siquiera el «césar», si ello ha de perpetuar nuestra inmadurez política y hasta personal. Es hora –lo era ya hace mucho- de vivir en orfandad, sin «ausentes»; sólo con nuestra memoria y nuestra voluntad de actuar. Pongamos a José Antonio en el lugar que reclaman la justicia y la caridad. Él, desde su puesto, lo agradecerá. Y nosotros también.

Y para obviar, también con la elegancia de la justicia, la falta de generosodad de muchos leñadores de árboles caídos, queremos también dedicar un párrafo a la muerte del anterior Jefe del Estado español, Francisco Franco. Situó a España en el siglo XX, y precisamente gracias a ello pudieron los españoles realizar, después, una pacífica «transición» política hacia un régimen acorde con el entorno internacional en que, para bien o para mal, nuestra patria tiene hoy que desenvolverse; un régimen que, sin embargo, guarda un indecoroso silencio respecto de las causas estructurales que realmente lo hicieron posible. También para él la paz de los hombres y la objetividad de la Historia.

Murió Franco –misterios de la numerología- exactamente 39 años después de José Antonio, el cual –misterios del destino- murió la misma madrugada, acaso en el mismo minuto, en que el líder anarquista Buenaventura Durruti corría la misma suerte: éste –miembro de una extinguida casta de valientes soñadores, decentes y rectos- calculadamente asesinado por la espalda, en el frente de Madrid, por mano no tan desconocida; aquél calculadamente fusilado, de frente, en Alicante, al lado de cuatro modestos y anónimos camaradas suyos.

Queremos terminar esta «consigna» con una reflexión de Julián Marías sobre la muerte (ABC, 21/XI/96): «Hay una especie de convenio tácito que ve como una muestra de mala educación hablar de ella (la muerte), lo cual conduce a no pensar en ella, en su significación, en su carácter de "frontera", con el acuciante problema de saber qué puede haber al otro lado. Se da por supuesto que no hay nada, porque es lo más cómodo y evita pensar, y porque al despojar al hombre de su esperanza se lo hace manejable, manipulable; se insufla en él la convicción de que en el fondo nada tiene importancia, ya que un día dejará de tenerla».

 

Actualizado
8 / 12 / 97

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